DÍA DE LA PAZ

La Paz podría equipararse a la fe que es un don sobrenatural que proviene de Dios, la Paz  debería ser para nosotros los humanos una actitud inmutable mientras vivamos, ser pacíficos significa  amantes de la Paz y lo que se ama no se destruye; quien ama a  la Paz es un impenitente reconciliador  que en todas sus relaciones hace ofrendas de reconciliación, porque  el dominio prudente de su lenguaje jamás provoca sentimientos contrarios o desafectos; es considerado  y conciliador aun  en temas que pueden suscitar controversias.

Entonces, todo lo expresado preliminarmente genera una ausencia de guerra, un estado de concordia  entre los miembros de un grupo, comunidad  hasta llegar a la sociedad. La Paz siempre busca el sosiego  ante las  sobrevenidas y  sobrevinientes contingencias de la existencia.

Las guerras que son la antinomia de la Paz   y  ésta es el cese de  hostilidades o  la firma de un tratado  de Paz que finaliza  ese estado anormal de los humanos, pues es inhumano matarse los unos a los otros;  estos extremos decantan porque los gobernantes o los que detentan poder para  iniciar una  guerra son dominados por la pasión, a la cual no supieron identificar, dominarla y aplicar ese volcán de fuerza ilimitada en solucionar  antes la controversia originadora del caos de la guerra.

Por toda esta historia lamentable de guerras que  diezmó a las poblaciones en su tiempo, hoy, con la evolución del derecho y la sociología respaldadas por la sabiduría de la filosofía como madre de todas las ciencias, la Paz debería residir en todos los humanos como un detente invaluable para jamás ingresar en conflicto y si hay atisbos  de   él aplicar la misma fuerza para analizar que es descomponer y  conciliar.

Todos sentimos la necesidad de justicia lo cual infiere incontestablemente que los países que cuidan  a su Derecho, lo tienen actualizado acorde  a la evolución de las poblaciones  y forman jueces honestos y probos que observan a la justicia como un apostolado y no se dejan sobornar por los políticos, estructuran la Paz.

Nosotros los humanos debemos incluir en nuestro acervo de actitudes positivas  la acción de  dar la Paz a alguien, dejar en Paz a alguien, estar o quedar en Paz  con alguien que significa  quedar saldadas las discrepancias o deudas con alguien, también corresponder  a un favor  u ofensa con otros y, fundamentalmente, hacer las paces en nuestra vida sentimental y de interrelación  o reconciliarse inmediatamente  surgido el desatino de la discusión, para impedir que irrumpa el ominoso rencor.

También  la Paz de Dios  nos encamina a no  cometer un acto hostil contra  las personas o sus bienes.

En nuestro país no existe la Paz, es una Paz frágil pues a la menor incitación a la violencia nos convertimos en objetos de unos cuantos porque  todavía no  se consolidaron en nuestro espíritu como  rectores de nuestras actitudes, los principios sencillos y de  conmovedora y abrumadora profundidad que reseñamos.

Cada uno de nosotros debe identificar que la Paz se funda en la amplitud inmensurable del espíritu que domina al corazón y a la voluntad, pues quien se ama  a  sí mismo decanta ese amor irremisiblemente al prójimo y, ese acto consciente orienta a la Paz.

Dr. Raúl Pino-Ichazo Terrazas es abogado, posgrados en Filosofía y Ciencia Política ( Maestría, Cides-UMSA, Interculturalidad y Educación Superior (UMSA), Arbitraje y Conciliación (Especialidad) Docencia en Educación Superior (Diplomado Superior, Univ. Loyola), Derecho Aeronáutico (Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, del Espacio y de la Aviación Comercial,  Madrid, doctor honoris causa en HUMANIDADES con tesis aprobada en drogadicción.